15 años de QuitoFest: Viviendo en el pasado - Sesiones al Parque
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15 años de QuitoFest: Viviendo en el pasado

Por: Emilio Montenegro.

Finalizada la décimo quinta edición del QuitoFest, los números apuntan a que algo en la organización del festival más grande del país tiene que cambiar.

Sudakaya. Foto por BuenPlan

Este 2017, el QuitoFest sorprendió al público nacional con el anuncio de que la entrada sería cobrada con un valor de 30 dólares por cada día de festival. Como era de esperarse, esta medida ocasionó polémica y desató opiniones a favor y en contra de terminar con una tradición de gratuidad de más de una década. Al finalizar el Festival, la asistencia de ambos días de conciertos fue de aproximadamente 7.000 personas, muy por debajo de las proyecciones de los organizadores que esperaban alrededor de 28.000 personas. Ante esto, la organización respondió con lamentaciones y, como lo hacen todos los años, aseguraron que esta situación pone en peligro la continuidad del QuitoFest.  

Se dice que los festivales tienen baja asistencia porque el público no quiere pagar, se dice también que los organizadores de festivales en este país tienen favoritismos a la hora de armar el cartel y que hay “amarres” que favorecen a sus amigos. Con respecto al QuitoFest, no creo que el problema tenga que ver con ninguno de estos argumentos, pienso que la decisión de cobrar juega un factor en la asistencia, pero tampoco es determinante, si bien hay personas que no están dispuestas a pagar ni un centavo por un evento de calidad, existe la tendencia creciente de pagar un precio por el entretenimiento.

Personalmente, creo que la razón por la cual el QuitoFest 2017 no cumplió con las expectativas de los organizadores fue porque el cartel de este año no estuvo al nivel que ha estado en otras ediciones.

MiniPony. Foto por Quarzo Films

El cartel nacional, que no fue nacional ya que solo contó la participación de bandas quiteñas, presentó a las bandas taquilleras de siempre. El cartel internacional estuvo conformado por unas pocas bandas nuevas, como Kataklysm y Havalina, que venían por primera vez, y por viejas fichas que han funcionado en el pasado. Si bien es cierto que bandas como Café Tacuba, Baron Rojo, Los Cafres y Sepultura son referentes musicales internacionales, hay que estar claros en que son grupos que se han presentado en más de una ocasión en Ecuador; los hemos visto, los hemos escuchado y si bien el que es fanático nunca se cansará de ver a la misma banda, es evidente que el resto de aficionados de la música alternativa ya superaron a bandas como Café Tacuba (que ha vuelto al país más veces de lo que Sociedad Deportiva Aucas ha vuelto a la serie A del fútbol nacional).

El QuitoFest 2017, carente de variedad, sin rap ni hip hop, sin punk, hardcore, electrónica, noise o propuestas de vanguardia, aportó a la centralidad y repetición que abunda en los festivales de música locales. Las bandas de otras ciudades continúan marginadas o excluidas, no hay apertura a la música tradicional ecuatoriana o tropical, y no es una excusa decir que todas estas expresiones están fuera de contexto ya que han formado parte de ediciones pasadas del QuitoFest y, a la final, este se proyecta como un Festival Internacional de Música independiente, en un país en el que el 99% de artistas son independientes.

Los organizadores de nuestro país siguen apuntando a las mismas bandas y a los mismos estilos musicales que funcionaron en el pasado. Hoy por hoy, se mueven otros artistas, otros estilos musicales y otros exponentes que a nuestro país solo llegan vía internet. Los festivales del Ecuador están notablemente atrasados y estancados en el pasado- sobre todo si los comparamos con otros festivales de la región como Estereo Picnic, Rock Al Parque, Lollapalooza, entre otros-.

Entonces, ¿Qué le falta al QuitoFest?

Café Tacuva. Foto por BuenPlan

En mi opinión, la organización del QuitoFest es impecable en temas de estructura y gestión. El escenario del festival es imponente en presencia y sonido; tanto así que tocar en esa tarima sigue siendo el sueño de muchos músicos del país. Se han incluido espacios de entretenimiento que no estaban antes: rueda moscovita, carros de comida (o foodtrucks para los adefesiosos), áreas de descanso e incluso canales de comunicación en tiempo real (se realizó un QuitoFest TV). Se ha innovado y mejorado la oferta de productos disponibles para el público dentro de la experiencia del festival, y en este sentido, el QF se mantiene como un evento icónico e innovador.

Aun así, un festival de música es bueno solo si el cartel es bueno; los artículos, comodidades, productos y servicios que puedas encontrar en él son una yapa, añaden valor al festival y complementan la experiencia de ver grandes artistas presentarse en vivo, pero el cartel sigue siendo lo más importante.

La curaduría del QuitoFest tiene que renovarse ya que parece que es la misma persona la que hace los carteles musicales de la mayoría de festivales y conciertos del país. Se necesita de música nueva para atraer un público nuevo.

El QuitoFest 2017 nos deja aspectos a considerar, el indie no es de oro, no todos quieren escuchar eso, y no puedes poner a las bandas que tocan siempre como estrategia para jalar gente y cobrar una entrada de $30 por día si a la final esas bandas van a tocar la siguiente semana por una entrada de $10. Hay que renovar las orejas y escuchar música de otras ciudades y provincias, ya que sí existe música fuera de la ciudad de Quito. En cuanto al cartel de bandas internacionales, hay bandas que quizá no tengan 20 o 30 años de trayectoria pero que de seguro son más frescas y atraen un público más variado (además cobran menos), hay que abandonar el uso de la nostalgia como recurso para vender entradas.

La organización del QuitoFest tiene las capacidades logísticas y de gestión para lograr un festival internacional de calidad y presencia, de eso no cabe duda, pero quizá es necesario incluir gente nueva con perspectivas diferentes y frescas para lograr un cartel que haga que el QF vuelva a ser una de las fechas más esperadas del año. El festival tiene que continuar y espero continúe porque es un símbolo de años de gestión para posicionar la música alternativa del país, y si de aquí en adelante todas las ediciones serán cobradas, espero que eso signifique también un aumento significativo en la calidad de todos los aspectos del festival y que se incrementen los reconocimientos económicos a los artistas nacionales que participan en el QuitoFest, aunque este ya es otro tema.

Emilio Montenegro

    

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